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Manuel García Verdecia: “Bitácora de Odiseo”
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Holguín, Cuba, octubre 2, 2009

 

ANTONIO MIRANDA Y LA POÉTICA LUCIDEZ

(Oct. 02)
Antonio Miranda es un hombre amoroso, franco, ameno, de vivaz mirada atenta. Lo conocí en Medellín, durante el Festival Internacional de Poesía en 2008 (algo extraordinario de vivir). El encuentro fue fácil porque es persona pronta a los afectos que se abre a la conversación inteligente con desprejuiciada espontaneidad. Su curiosidad por todas las cosas (elemento distintivo de un genuino poeta), su amor por nuestra isla y su gente así como su temperamento constantemente poético hicieron que todo fluyera grata, memorablemente. Hasta hoy mantenemos una impoluta amistad.

La poesía a Antonio está signada por una penetrante e insistente inquietud, no solo de romper estructuras, de jugar con las palabras para acceder a inéditos significados, sino también de rasgar lo evidente y buscar en su trasfondo materias sutiles. Hombre que anda al son de tu tiempo, lo cala y lo muestra en su más exacta verdad. A él lo caracteriza una percepción sagaz, una mirada sumamente lúcida, un deslumbrante sentido común. ¿Es posible hacer poesía desde la lucidez? ¿No se ha dicho siempre que los poetas tienen algo de locura, de intuición sobrenatural, de avivado subconsciente? Todas estas son suposiciones y mitos. No es que esos elementos no conformen determinadas poéticas y las asistan para alcanzar sus mejores luces. Pero la lucidez es también un conducto de poesía. Es el instrumento por el cual el poeta puede orientarse mejor en la realidad y descubrir aquello que es esencial, auténtico y trascendente. O sea los valores que la poesía canta y preserva. No es fortuito que un crítico de los quilates de George Steiner distinga la poesía de los filósofos, aquellos que enrumbaban su pensamiento mediante obras de una belleza y una sensibilidad infrecuentes, como Platón, Séneca, Nietszche, Heidegger, etc.

Autor con una consistente y aguda faena que se muestra en los más de cuarenta títulos publicados, es un hombre asaltado por las mil preguntas de su tiempo. Precisamente esta vasta producción revela una ávida inquietud intelectual y una dinámica expresiva insaciable. En el prólogo a su libro El despertar de las aguas explica por qué trabaja en varias obras a la vez: “No me considero disperso. Mejor extensivo en el sentido de que al crear un texto siento la necesidad de extenderme en otros textos paralelos que, por asociación de ideas, se van imponiendo.” Esta avidez se observa también por la amplitud no solo formal sino también temática de su poesía.

En cuanto a lo compositivo, lo mismo emplea rimas, formas versales tradicionales, como estructuras de la poesía más informal, la poesía del lenguaje, la deconstructiva, la mínimal, con juegos formales y eufónicos. Su temática, si bien parece dominada por la obsesión por el transcurso del tiempo (¿qué poeta escapa a esto?), otros asuntos varios y multitudinarios lo acosan, como el amor, la niñez, la familia, los seres entrañables. Así ese libro Del azul más distante, que resume las vidas de una familia, los Texeira, con sus múltiples afanes, circunstancias y devenires, en una jornada que nos recuerda la Spoon River Anthology, de Edgar Lee Masters.

Antonio sabe que el poema es más que las palabras que lo forman: “Aprendí que las palabras bellas no forman necesariamente bellos poemas y que algunos buenos poemas pueden construirse con palabras feas que reflejan universos poéticos.” Así el poeta acude a los más diversos discursos lingüísticos, a tono con el propósito de sus textos.

Su preocupación por la situación actual, de violentación de la naturaleza y de lo esencial humano, mediante el mal manejo de la técnica subsumido a la ambición y la estupidez de los hombres, se visibiliza en un largo texto “Yo No Quiero Nacer” de su libro El despertar de las aguas. Veamos unos fragmentos:

 

1. No, no quiero nacer, no quiero arriesgarme:
seré el número 1387328349362217
en el mundo, como un excéntrico
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
condenado a muerte, al salir del útero.

3. Noyonoquieronacer
quevivanotrospormí
elprivilegiodemorir
indistintamentecentelleando
como un estertor. ¡Noyno!

4. Nacerían conmigo facinerosos, eruditos,
hambrientos y santos;
morirían conmigo inocentes, cínicos,
creyentes y alienados,
en un ciclo intermitente.

5. Billones de entes totalmente diferentes
de la matriz, en mutaciones constantes,
imprecisas,
reunidos pero sin conexión,
anulándose, destruyéndose.

7. Ya comemos melocotones europeos
abonados con el ADN
de sus muertos menos ilustres
--extraña forma de interrelación.

9. En los complejos multidimensionales
de casualidades no lineales
en tirabuzones –¿gustarán del raciocinio complejo? –
Nacer es siempre un permanente riesgo
de desastres.
Nacer es la certeza de catástrofes ecológicas.
Nacer es anticipación de violencia y dolor.

13. Quiero mantener el cordón umbilical
unido al tejido materno, a la tela, a la red
sin salir nunca a la luz ni al mercado
a la paradoja del devenir (in)flexible.

14. ¿Qué propósito? ¿Qué sentido?
Yo no siento, yo presiento,
en el fluido del flujo en que vivo,
los desvíos, los desvaríos irreversibles.

20. ¡No, no quiero nacer!!!
Enfrentar las asociaciones extemporáneas
(referencias cruzadas, hiperlinks fortuitos)
en la red semiótica del interpretador
--atónito delante de la terrible Esfinge
que simula y se presenta como oráculo.

 

En contraste con esta visión apocalíptica de un mundo sin control que se desmorona y al cual el sujeto teme acceder, está el prístino mundo de la inocencia. Es el momento de la niñez que se descubre los pequeños goces y misterios de la existencia. Así en su excelente texto que da título al libro “El despertar de las aguas”. Veamos un fragmento:

I
Aguas estancadas desde tiempos inmemoriales,
aguas de lluvias empozadas, en las márgenes
del río, aguas diluvianas que se evaporan
y regresan tibias, rehechas, minerales.

Apacibles. Aguas podridas, represadas,
como instintos domados, corriendo por
las vegas, los breñales, las cañadas.
Aguas turbias bajo un cielo de abismo,
gotas de agua que indican aguas lúcidas.
Naturaleza fértil, indiferente
a los clamores y valores humanos.

En corrientes repentinas en líquidos
pasajes de espanto y estupor.
¡Éramos tan chicos ante todas aquellas
aguas y los árboles tan grandes! Todo
tan lejano allí tan cerca e incierto.

Había peces escurridizos, promiscuos
y pájaros que cruzaban las alturas.
Aguas hechas de sudores disueltos,
de los pueblos sembrados en la tierra
sin perdón ni sosiego. Condenados.

Seres alegres, saltantes, locuaces, festivos,
como domesticadas alimañas de ribera.
Esperanzados. Sencillos. Primitivos.

 

La poesía de este intelectual brasileño, vital y lúcida, nos incita a mirar, a pensar y a no conformarnos con el estado de cosas. Después de leer sus textos, uno desea hacer de la vida un sitio más lúcidamente humano.

Antonio Lisboa Carvalho de Miranda, nombre con dejos de descubridor portugués de rancia prosapia, nació en Maranhão, Brasil en 194O. Es doctor en ciencias de la comunicación y dirige en la actualidad la Biblioteca Nacional de Brasília. Mantiene una importante página de poesía (www.antoniodemiranda.com.br

), muy solicitada y documentada. Es poeta que cuando no escribe poemas, habla de ellos o los vive intensamente.

 

 

 

 
 
 
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