| POESIA MUNDIAL EM PORTUGUÊS
PROPÉRCIO
Sexto Aulo Propércio (em latim: Sextus Aulus Propertius; 43 a.C. — 17), conhecido apenas como Propércio, foi um poeta elegíaco romano, ao que tudo indica, nascido em Assis, Úmbria, na Itália. Ele em conjunto com outros três poetas romanos, a saber, Cornélio Galo (Cornelius Gallus), Tibulo (Albius Tibullus) e Ovídio (Publius Ovidius Naso) são representantes do gênero elegíaco em Roma. Ainda que este gênero remonte suas origens à Grécia arcaica, a poesia elegíaca romana apresenta características bem distintas às daquela formulada por Arquíloco de Paros, Tirteu de Esparta e Calino de Éfeso, poetas elegíacos arcaicos gregos. Antes, parece-nos, que sua filiação poética remete à produção poética de Calímaco de Cirene, poeta e bibliotecário da Biblioteca de Alexandria, não ser antes devedor de Catulo, poeta da geração anterior a sua, que também cultivou a elegia, mesmo que não apenas a elegia, mas uma vasta gama de metros líricos e jâmbicos.
Biografia completa em: https://pt.wikipedia.org/wiki/Prop%C3%A9rcio
Propércio 1.21
Tu, qui consortem properas evadere casum,
miles ab Etruscis saucius aggeribus,
quid nostro gemitu turgentia lumina torques?
pars ego sum vestrae proxima militiae.
sic te servato possint gaudere parentes,
haec soror acta tuis sentiat e lacrimis:
Gallum per medios ereptum Caesaris enses
effugere ignotas non potuisse manus;
et quaecumque super dispersa invenerit ossa
montibus Etruscis, haec sciat esse mea.
1.21
Tu que tentas fugir de sorte igual à minha,
ó soldado ferido em frente Etrusca,
por que fastas do meu gemido os olhos túrgidos?
Eu sou teu companheiro de Milícia!
Salva-te! Leva essa alegria para os pais,
e então a irmã perceba no teu pranto
que eu, Galo, ao escapar das espadas de César,
por mãos desconhecidas pereci;
e se ossos encontrar dispersos pelos montes
Etruscos, que ela saiba - estes são meus.
Tradução de Guilherme Gontijo Flores
A CÍNTIA
Por que impor, vida minha, à fronte enfeites belos,
E o sob os véus de Cos o terno seio arfar?
Pôr da mirra Oronteia essências nos cabelos
E com estranhos dons teus mimos permutar?
Às graças naturais comprado adorno imposto
E a própria gentileza às vistas não expor?
Crê-me as pomadas são inúteis ao teu rosto;
Requintes de artifício enjeita nu o amor.
Vê como a terra é bela em suas cores várias,
E a hera vem melhor, crescendo ao natural,
E o medronheiro alinda as grutas solitárias,
E corre caprichoso o arroio pelo val:
Os seixinhos, pintando-a, a longa praia esmaltam,
Descanta mais gentil sem arte ave louçã;
Nem por ornatos foi que em fundo amor exaltam
A Febeia Castor, Polux à Hilária irmã.
Nem tal de Eveno a filha outrora às praias ia,
Quando entre Febo e Ida os zelos acendeu;
Nem com falso esplendor formosa Hipodamia
Prende o frígio marido ao carro estranho seu.
De jóias nua a fronte ei-las campando belas,
Qual de Apeles no quadro as mostra a pura cor;
Para amantes domar não se enfeitavam elas,
Tinham pompa ademais no virginal pudor.
Não temo ser de ti menor o meu apreço.
Donzela que ama um só de tudo ornada está;
Mas de ti dá-te Febo os versos de mais preço,
Calíope contente a aónia lira dá:
Nem grato enlevo falta ao teu cantar jucundo,
Nem quanto a Vénus praz, quando Minerva quer.
Se a isto juntas, pois, do luxo ódio profundo,
Serás eterno encanto a meu feliz viver.
Tradução de Aires de Gouveia (1828-1916)
Página publicada em fevereiro de 2019
TEXTO EN ESPAÑOL
 |
DE CORNELIA DESDE ULTRATUMBA
Sonaron las trompetas luctuosas
al colocar la cruel antorcha bajo el féretro
y el fuego pronto incineró mi cuerpo.
Cesa Paulo de turbar mi sepulcro con tus lágrimas,
no dudes que las playas infernales las beberán.
Los rezos no conmueven a los dioses en lo alto
luego que el barquero ha recibido su moneda,
entonces el rumbo toma un cariz inexorable;
aunque te oiga rogando el dios de oscura casa,
la negra puerta no se abre a las plegarias.
Ya que entró la procesíon fúnebre al averno,
un lívido portal cierra la pira funeral caída.
?De qué sirvió mi matrimonio con Paulo
o los triunfos de mis nobles ancestros
y los buenos testimonios de mi honor?
No fueron las parcas menos crueles con Cornelia,
lo que ahora soy lo recogen los dedos de la mano.
Maldición tenebrosa, para los charcos pantanosos
y las ajuncias que apresan mis pies.
Aunque estoy aquí antes de tiempo,
no he venido por haber sido culpable,
y por mi sombra no pido indulgencia.
Mas si existe un juez de nombre Acacus
que ha de juzgar con la urna enfrente,
cuando a la suerte mi sombra sentencie,
dejad que sus hermanos sean asesores
y que las Furias se sienten junto a Minos
cuando se silencie la Corte ante mi juicio.
!Sísifo, descansa de tu roca!
!Dejad que se detenga la rueda de Ixión!
!Qué los labios de Tántalo capten el agua fugitiva!
Dejad que Cerbero no ataque hoy a las sombras,
y que cuelgue su cadena de un cerrojo quieto.
Hablaré en mi propia defensa,
mas si yo hablare con falsedad
que la urna infausta, castigo de las Danaides,
para siempre pese sobre mis hombros.
Si alguien ha heredado fama noble
de antiguos trofeos ancestrales,
mi casa llena está de despojos de bronce
de los antepasados que expurgnaron Nunancia,
igualmente por mi madre desciendo de los Libones,
estando mi estirpe basada en hazañas propias.
Más tarde, el atavío de la doncella
dio paso a la antorcha nupcial
y un lazo diferente ciñó mi cabellera,
y fui enlazada a tu lecho, Paulo,
destinada a abandonarlo para que recuerde
esta lápida que estuve casada con un solo hombre.
Juro por las cenizas de mis antepasados
quienes gozan de la reverencia de Roma,
bajo cuyos triunfos yace Africa en el polvo,
que al contrario de Perses quien destruyó su casa
inducido por el espíritu de su deudo Aquiles,
jamás permitiré que la ley del censor se atenúe
o que mi casa se abochorne por mi culpa.
Sobre el lustre de tan grandes trofeos
Cornelia no dejó mancha alguna,
sino que fue paradigma de aquella casa noble.
Tampoco hubo cambios en mi vida,
que transcurrió libre de toda acusación.
He vivido con honor entre las nupcias y la muerte.
Natura me dotó de conducta debida a mi linaje
y nadie alcanzó tanta virtud por temor a un censor.
Por muy exigente que sea el escrutinio del juez,
ninguna mujer se avergonzará de sentarse a mi lado,
bien seas tú, Claudia, inigualable sirviente
de Cibeles coronada de torres,
quien con un lazo salvó a la diosa,
o tú (Emilia) que cuando la inmaculada Vestal
reclamó sus fuegos, su blanco vestido
demostró que el hogar estaba encendido.
Tampoco, corazón mío, te he dañado,
madre Escribonia
?que otra cosa deseas de mí, a no ser mi muerte?
Me alaban las lágrimas maternas
así como los lamentos de la ciudad
y mis huesos se ensalzan por los suspiros de César,
quien se aflige de que ha muerto alguien
que mereció ser la hermana de su hija [Julia]
y vimos caer las lágrimas de un dios.
También contemplamos a mi hermano
dos veces sentado en la silla del curul,
acaeciendo el rapto de su hermana
cuando fue designada cónsul.
Viví para usar el vestido de honor de la matrona
y no me alejé de una casa sin hijos.
Nunca, como madre, me vestí de luto,
pues todos mis hijos asistieron a mi funeral.
Tanto de Lepido como de Paulo, mi consuelo
después de muerta, fue el abrazo que cerró mis ojos.
Hija, nacida para ejemplo de la censura paterna.
Tú, como yo, aférrate a un solo marido.
Éste es el mayor tributo a la gloria de una mujer,
cuando la opinión franca elogia su matrimonio.
Ahora, Paulo, te exijo los votos de nuestro amor
grabados en mis cenizas, este cuidado pervive en mí.
Tú, como padre, debes actuar la parte materna,
ese pequeño lazo mío, póntelo en los hombros.
Cuando beses a los hijos mientras lloren
añade también mis propios besos.
Te harás cargo ahora de toda la casa.
Y si te afliges, hazlo sin que te vean,
cuando lleguen, engaña sus besos con mejillas secas.
No te canses en la noche pensando en mí
y en los sueños que por fe asumen mis facciones,
cuando en secreto hables con mi imagen,
pronuncia cada palabra como si fuera a responderte.
Si el portal tiene otro nuevo lecho enfrente
y suspicaz madrastra se sienta en mi silla,
entonces, hijos míos, aceptad la unión paterna,
convencida de vuestra conducta se dará por vencida.
No elogieis a vuestra madres demasiado,
porque comparándose con su predecesora
pensará que habláis para despreciarla.
Mas si él recuerda y se complace con mi sombra
y guarda un gran aprecio por mis cenizas,
aprended desde ahora a suavizar la vejez
a la que está destinado por naturaleza,
y no permitáis que lo domine la tristeza del viudo.
Que el tiempo a mí sustraído se añada a sus años,
y por mis hijos, que Paulo goce su senectud.
Y que la casa crezca con los descendientes;
celebro que el bajel zarpe con todos
los que han de prolongar mi tiempo destinado.
Mi oración ha llegado a su término.
Levantaros, testigos que lloráis mi partida,
mientras que la tierra agradecida me abjudica
el veredicto que se merece mi vida.
El cielo ha abierto sus puertas a la virtud,
que mis méritos aseguren la comunicación
de mi sombra con sus ilustres antepasados.
TRADUÇÃO EM PORTUGUÊS
DA MORTE DE CORNÉLIA
As trombetas fúnebres soaram
enquanto a tocha cruel era colocada sob o caixão,
e o fogo logo incinerou meu corpo.
Paulo, pare de perturbar meu túmulo com suas lágrimas,
não duvide que as praias infernais as beberão.
Orações não comovem os deuses celestiais
uma vez que o barqueiro tenha recebido sua moeda,
então o curso toma um rumo inexorável;
embora o deus da casa escura possa ouvi-lo implorando,
a porta negra não se abrirá para orações.
Agora que o cortejo fúnebre entrou no submundo,
um portal lívido fecha a pira funerária caída.
De que adiantou meu casamento com Paulo,
ou os triunfos de meus nobres ancestrais,
ou os bons testemunhos de minha honra?
Os Destinos não foram menos cruéis com Cornélia;
o que sou agora pode ser contado nos dedos de uma mão.
Maldição sombria sobre os pântanos
e as ervas daninhas que prendem meus pés.
Embora eu esteja aqui antes do meu tempo,
não vim por ser culpado,
e não peço perdão para a minha sombra.
Mas se houver um juiz chamado Acacus,
que deva julgar com a urna diante dele,
quando a minha sombra for sentenciada por sorteio,
que seus irmãos sejam conselheiros,
e que as Fúrias se sentem ao lado de Minos,
quando a Corte silenciar diante do meu julgamento.
Sísifo, descanse da sua rocha!
Deixai que a roda de Íxion pare!
Que os lábios de Tântalo agarrem a água fugaz!
Que Cérbero não ataque as sombras hoje,
e que sua corrente fique pendurada num ferrolho imóvel.
Falarei em minha própria defesa,
mas se eu falar falsamente,
que a urna fatídica, castigo das Danaides,
pese para sempre sobre os meus ombros.
Se alguém herdou a nobre fama
de antigos troféus ancestrais,
minha casa está repleta de despojos de bronze
dos ancestrais que pilharam Nunancia,
assim como por minha mãe descendo dos Libones,
minha linhagem baseada em meus próprios feitos.
Mais tarde, o traje de donzela
deu lugar à tocha nupcial
e uma fita diferente adornou meus cabelos,
e fui amarrada à sua cama, Paulo,
destinada a deixá-la para que esta lápide se lembre
de que fui casada com apenas um homem.
Juro pelas cinzas de meus ancestrais
que gozam da reverência de Roma,
sob cujos triunfos a África jaz em pó,
que, ao contrário de Perses, que destruiu sua casa
induzido pelo espírito de seu parente Aquiles,
jamais permitirei que a lei da censura seja enfraquecida
ou que minha casa seja envergonhada por minha causa.
No brilho de tão grandes troféus
Cornelia não deixou nenhuma mácula,
mas foi um paradigma daquela nobre casa.
Nem houve mudanças em minha vida,
que passou livre de qualquer acusação.
Vivi com honra entre o casamento e a morte.
A natureza me dotou de uma conduta condizente com
minha linhagem,
e ninguém alcançou tal virtude por medo de um censor.
Por mais exigente que seja o escrutínio do juiz,
nenhuma mulher se envergonhará de sentar-se ao meu
lado,
seja você, Cláudia, servente incomparável
de Cibele coroada de torres,
que com um laço salvou a deusa,
ou você (Emília) que, quando a imaculada Vestal
reclamou de seus fogos, seu vestido branco
mostrou que a residência estava em chamas.
Nem, com meu coração, eu lhe fiz mal,
Mãe Escribônia?
O que mais desejas de mim, senão a minha morte?
As lágrimas maternas me louvam,
assim como os lamentos da cidade,
e meus ossos são exaltados pelos suspiros de César,
que lamenta a morte de alguém
que merecia ser irmã de sua filha [Júlia],
e vimos as lágrimas de um deus caírem.
Também vimos meu irmão
duas vezes sentado na cadeira curul,
quando sua irmã foi raptada
quando foi nomeada cônsul.
Vivi para usar o vestido de honra da matrona
e não me afastei de uma casa sem filhos.
Nunca, como mãe, usei roupas de luto,
pois todos os meus filhos compareceram ao meu funeral.
De Lépido e Paulo, meu consolo
após a morte, foi o abraço que fechou meus olhos.
Filha, nascida para ser um exemplo de censura paterna.
Você, como eu, se apega a um só marido.
Este é o maior tributo à glória de uma mulher,
quando a opinião pública elogia seu casamento.
Agora, Paulo, exijo de você os votos de nosso amor
gravados em minhas cinzas; este cuidado vive em mim.
Você, como pai, deve desempenhar o papel materno;
essa minha pequena fita, coloque-a sobre seus ombros.
Quando beijar as crianças enquanto elas choram,
acrescente também os meus beijos.
Agora você ficará responsável por toda a casa.
E se você se entristecer, faça-o sem ser visto;
quando eles chegarem, disfarce seus beijos com as faces
secas.
Não se canse à noite pensando em mim,
e nos sonhos que, pela fé, assumem as minhas feições,
quando você falar secretamente com a minha imagem,
pronuncie cada palavra como se eu fosse responder.
Se à porta houver outra cama nova,
e uma madrasta desconfiada se sentar na minha cadeira,
então, meus filhos, aceitem a união paterna,
convencida da sua conduta, ela cederá.
Não elogiem demais suas mães,
por se compararem com suas antecessoras,
ela pensará que vocês falam para desprezá-las.
Mas se ele se lembra e se deleita na minha sombra,
e guarda grande afeição pelas minhas cinzas,
aprenda desde já a suavizar a velhice,
à qual está destinado pela natureza,
e não permita que a tristeza do viúvo o domine.
Que o tempo que me foi tirado seja acrescentado aos seus
anos,
e, por meus filhos, que Paulo desfrute da sua velhice.
E que a casa cresça com os descendentes;
Alegro-me que o navio parta com todos
aqueles que prolongarão o tempo que me foi concedido.
Minha oração chegou ao fim.
Levantai-vos, testemunhas que lamentam minha partida,
enquanto a terra agradecida me absolve
do veredicto que minha vida merece.
O céu abriu seus portões à virtude,
que meus méritos assegurem a comunhão
da minha alma com seus ilustres ancestrais.
*
VEJA e LEIA outros poetas do MUNDO em Português:
https://www.antoniomiranda.com.br/poesiamundialportugues/poesiamundialportugues.html
Página publicada em janeiro de 2026.
|