Home
Sobre Antonio Miranda
Currículo Lattes
Grupo Renovación
Cuatro Tablas
Terra Brasilis
Em Destaque
Textos en Español
Xulio Formoso
Livro de Visitas
Colaboradores
Links Temáticos
Indique esta página
Sobre Antonio Miranda
 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ELVIO ROMERO
(1926-2004)

 

Elvio Romero (Yegros, Paraguay, 1 de diciembre de 1926 - Buenos Aires, Argentina, 19 de mayo de 2004), se sitúa entre una (la de 1940) y otra generación (la de 1950), en la historia de la poesía paraguaya del siglo XX.

 

TEXTOS EN ESPAÑOL    -   TEXTOS EM PORTUGUÊS

 

 

LA VOZ MEDITERRÂNEA – Muestra de poesía del Paraguay. Selección y prólogo Susy Delgado.  Buenos Aires: DLG Desde la Gente, 2008.  123 p.  14x19,5 cm. ISBN 978-950-215-2  Ej./ex. bibl. Antonio Miranda

 

         AGUAFUERTE

        Sujeto a palos en cruz,
         un hombre, quieto,
         sobre dos palos en cruz,
         con sogas entre los huesos.

         Y abajo el viento.

         Acaso atada mi tierra
         como un tamborón de cuero
         sobre dos palos en cruz

         Y enfrente el viento

         Toda la patria en el suelo
        
¡ sobre dos palos en cruz!

         Y encima el viento!

        

                                   (El sol bajo las raíces, 1955)

                  

         LA PATRIA

        Calientes clavos le clavaron
         Siguen clavándose esos clavos en los ojos
         ardientes, aunque sigue mirando
         morena, mutilada, revoltosa y sangrante
         velando por los hijos (esas sombras anónimas
         que la siguen llevando); por los hijos,
         a quienes por llevarla les clavaron,
         con esos mismos clavos
         calientes con que fueron a clavarle los ojos
         revoltosos y ardientes con que sigue mirando.

 

                                      (Los innombrables, 1973)

 

        FUEGO PRIMARIO

        Mirarte es ver colinas,
         mirarte así tendida y desnuda,
         situando planicies de arena en las axilas,
         desnuda y dividiendo la blancura calientes de las sábanas,
         mirarte es ver que oscuros orígenes te pueblan,
         que el aire te enajena por urnas inasibles,
         si te amo desnuda…

         Hay cuestas y declives,
         hay en tu piel suaves territorios de nubes sensitivas,
         hay humos y adherencias de ardorosa madera,
         hay una sombra ilesa que escapa del asedio,
         si te miro desnuda.

         Se ve que en tu cintura
         se doblan valles que arden con vientos incesantes;
         se ve, rosado y táctil, nimbado por rumores,
         el hoy de agua nívea que tu vientre arremansa
         como un rosado tiesto de palpitantes flores,
         si te miro desnuda.

         Mirarte es ver colinas,
         lluvias que se diluyen respirando en tus pechos,
         es embestir un campo de tierras onduladas,
         es llegar al origen de la sangre,

         es imantarse al golpe
         que oscuramente sube de tu boca y tus trenzas,
         y es imposible entonces no acostarte y vencerte
         con sedientas hogueras.

         Si te miro desnuda.

 

                                      (De cara al corazón, 1955)

                    


TEXTOS EM PORTUGUÊS
Tradução de Antonio Miranda

        

 

        ÁGUA-FORTE

        Preso por paus em cruz,
         um homem, quieto,
         sobre dois paus em cruz,
         com cordas entre os ossos.

         E debaixo o vento.

         Por acaso atada minhe terra
         como um tambor de couro
         sobre dois paus em cruz

         E adiante o vento.

         A pátria inteira no chão
         sobre dois pause em cruz!

         E em cima o vento.



         A PÁTRIA

        Pregos ardentes o cravaram
        Seguem cravándo-se esses pregos nos olhos
        ardentes, embora siga miranda
        morena, mutilada, revoltosa e sangrante
        velando por seus filhos (essas sombras anónimas
        que seguem levando-a); pelos filhos,
        a quem por levá-la os cravaram,
        com esses mesmos pregos
        quentes com que foram cravar-lhe os olhos
        revoltosos e ardentes com que segue mirando.

 

 

         FOGO PRIMÁRIO

        Mirar-te é ver colinas,
         mirar-te assim deitada e despida,
         situando planicies de areia nas axilas,
         despida e dividindo a brancura dos lençóis
         mirar-te é ver que escuras origens te povoam,
         que o ar te aliena por urnas ineficaces,
         se te amo despida…       

         Há ladeiras e declives.
         há em tua pele suaves territórios de nuvens sensíveis,
         tem fumaça e aderências de ardente madeira,
         há uma sombra ilesa que escapa do assédio,
         se te vejo despida.

         Vê-se que em tua cintura
         dobram vales que ardem com ventos incesantes;
         vê-se rosado e táctil, nimbado por rumores,
         o hoje de água nívea que teu ventre  arremansa
         como um rosado vaso de palpitantes flores,
         se te vejo despida.

         Mirar-te é ver colinas,
         chuvas que se dissipam respirando em teus seios,
         é investir um campo de terras onduladas,
         é chegar à origen do sangue.

         é imantar-se ao golpe
         que escuramente sobe de tua boca e de tuas tranças,
         e é então impossível não deitar-se e vencer-te
         com sedentes fogueiras.

         Se te vejo despida.

 

REVISTA DE POESIA E CRÍTICA    No.  6 – Brasília – São Paulo – Rio  -
Setembro  1979  Diretor  José Jezer de Oliveira.    120 p.
                                                       Ex. doação do livreiro Brito – DF

 

             Tradução de WALDEMAR LOPES:

 

       AO AMOR, UM NOME

      
Talvez porque em ti se assombram
       as coisas, vou inventando
       novo nome para as coisas.

       Talvez por isso buscamos
       assinalar cor distinta
       a tudo quanto abraçamos

       Ao amor, um nome.  À árvore
       que nos cobiça.  Ao silêncio
       que se transforma em teus braços>

       E reinventem estrelas
       esse brilho enamorado
       do bosque de teus cabelos.

       Tudo é hoje? Houve passado?
       Algum vestígio de um beijo
       que seu timbre haja deixado?

       Acaso não há memória
       daquele rostos, outros olhos,
       de outros nomes e outras sombras?

       Contigo o porvir começa?
       Contigo o passado morre?
       Contigo o presente sonha?

       Talvez porque tudo agora
       contigo canta, devera
       reinventar cada coisa.

       Ou porque velhas lembranças
       dos meus olhos já se apagam.

              
( Do livro Vozes da poesia das Américas)

 

TEXTOS EN ESPAÑOL

 

EL HIJO DE LA TIERRA

Si me toca volver, si me tocara
volver a lo hondo, al haz de los rastrojos,
a lo hondo triste que encendió mis ojos,
a lo hondo cruento que labró mi cara;

Si a mi propio nacer volviera para
remodelar mis raíces y despojos,
y tocando ese erial de fuegos rojos
mi propio origen, fuerte, me tallara.

Volvería a cumplir el mismo rito,
Volvería a cantar del mismo modo.
Volvería a esplender el mismo nombre.

Pues arbolando siempre el mismo grito,
la misma luz transformaría todo,
!la misma luz coronaría a un hombre! 

 

 

EL SANTERO

Lacú, cara de miel, cabello cano
temblándole, jadeante, la camisa,
fabrica santos, leve la sonrisa,
barcino guante de sudor la mano.

Trabaja en palos. Y al tallarlos tanto,
con calor de melcocha por la frente,
lo llama por allí la buena gente:
“Lacú, cara de miel, cara de santo”.

Modela efigies rojas de madera,
pálidos santos de color de luna
Y le suenan los dedos como en una
llanura fatigante y forastera.

Cuando está airado, talla entre avatares,
Y cuando alegre, hasta el taller se alegra,
se le envuelve la sangre en noche negra
si se le llena el alma de pesares.

Tales son sus desvelos; son tan fijos
sus labores, sus vértigos, sus sueños,
y es tanta la pasión de sus empeños
que tiene el rostro de sus propios hijos.

Lacú mira el vivir, sigue a la gente,
ante las vidas simples se emociona,
siente latir un gesto y lo aprisiona,
lo fija todo en su labor paciente.
De allí que cuando miran los vecinos
las figuras de palo en sus altares.
se ven, tal como son en sus hogares,
tal como son, jirones de caminos.
Para probar mejor lo que origina
dentro del puño como fuelle ardiendo,
se amarra al brazo enérgico un estruendo
de escopeta o cuchillo o carabina.

Si labra un santo, firme y despiadado
baña el cincel de fuego y agavilla
la gubia con cendal de maravilla,
fragor de tierra, semillar y arado.

Y si es santa, despierto en nuevo brío,
le da un soplo final mágico y sabio:
con flor de pacholí le pinta el labio,
las lágrimas, con gotas de rocío.

Y tanto se parece a sus criaturas
que él mismo es ya raíz, árbol, madera,
palpitación terrestre y verdadera
de cortezas con sol por vestiduras.

Trabaja en palos. Y al tallarlos tanto
con calor de melcocha por la frente,
lo llama por allí la buena gente:
“Lacú, cara de miel, cara de santo”.



AGUAFUERTE

Sujeto a palos en cruz,
un hombre, quieto,
sobre los palos en cruz,
con sogas entre los huesos.

Y abajo el viento.

Acaso atada mi tierra
como un tamborón de cuero
sobre los palos en cruz.

Y enfrente el viento.

!Toda la patria en el suelo
sobre dos palos en cruz!

!Y encima el viento!

 


EL CUERPO DE MADERA

Tienes, patria, las manos de madera,
todo el herido cuerpo de madera,
                 madera y resplandor,
el sudor como lluvia de madera,
de madera los huesos, de madera
                 dispuesta a resonar.

                 De madera la sangre
                 (chaparrón de madera!)

                 De madera los ojos
                 (cristal de la madera).

                 De madera los gestos
                 (sesgos de la madera).

!Forestal capitán de la madera!

Te hicieron con guitarras de madera,
cajas de percusiones de madera
                    se rompen a su andar,
tu mismo andar es playa de madera,
playa para las olas de madera,
de madera y calor.

De madera las uñas
(filos de la madera).

De madera los ojos,
de madera.

Y fibra y capitán de la madera,
                 ¡de madera el amor!

Por eso tienes, patria, de madera
el puño vesperal, de una madera
                  difícil de quebrar,
la mas clara esperanza de
madera,
de madera encendida, y de
madera      ¡tu duro corazón!


 

TRILCE – Uma revista de poesia: creación y reflexión. TERCERA ÉPOCA  No. 25. /  Poesía paraguaya contemporánea. Antología.] Portada : Enrique Careaga.              Diretor OMAR LARA.  Asunción, Paraguay: 2009.   ISSN 0717-9561.    
                                       Exemplar na biblioteca de Antonio Miranda


TRADUÇÃO EM PORTUGUÊS

 

O FILHO DA TERRA

Se eu tiver que retornar, se eu retornar
às profundezas, à palha,
às profundezas dolorosas que incendiaram meus olhos,
às profundezas sangrentas que moldaram meu rosto;‘

Se eu retornar ao meu próprio nascimento para
remodelar minhas raízes e restos mortais,
e tocando aquele deserto de fogos vermelhos,
minha própria origem, forte, me esculpiria.

Eu cumpriria o mesmo rito novamente,
eu cantaria da mesma maneira novamente.
Eu brilharia o mesmo nome novamente.

Pois sempre erguendo o mesmo grito,
a mesma luz transformaria tudo,
a mesma luz coroaria um homem!


 

O SANTOR          

Lacú, de rosto cor de mel, cabelos grisalhos,
a camisa tremendo, ofegante,
ele esculpe santos, seu sorriso discreto,
a mão manchada de suor.

Ele trabalha com gravetos. E enquanto os esculpe tanto,
com o calor do caramelo na testa,
o povo o chama a boa gente:
“Lacú, de rosto cor de mel, rosto de santo.”
Ele modela efígies de madeira vermelha,
santos pálidos da cor da lua,
e seus dedos tamborilam como em uma
planície cansativa e estrangeira.                                                                             

Quando está zangado, esculpe em meio às vicissitudes,
e quando está alegre, até a oficina se alegra,
seu sangue se envolve em noite escura
se sua alma está cheia de tristezas.

Tais são suas noites sem dormir; tão fixos são
seus trabalhos, suas ansiedades, seus sonhos,
e tão grande é a paixão de seus empreendimentos
que ele carrega o rosto de seus próprios filhos.

Lacú observa a vida, segue as pessoas,
ele se comove com vidas simples,
ele sente um gesto pulsar e o captura,
ele fixa tudo em seu trabalho paciente.
É por isso que, quando os vizinhos olham para
as figuras de madeira em seus altares,
eles se veem, exatamente como são em suas casas,
exatamente como são, fragmentos de caminhos.
Para melhor comprovar o que se origina
dentro do punho como um fole ardente,
um som estrondoso é atrelado ao braço enérgico
de uma espingarda, faca ou rifle.

Se ele esculpe um santo, firme e implacável,
ele banha o cinzel no fogo e envolve
a goiva com um véu maravilhoso,
o rugido da terra, da semeadura e da aração.

E se for uma santa, despertada com vigor renovado,
ele lhe dá um último suspiro, mágico e sábio:
com flor de patchouli ele pinta seus lábios,
suas lágrimas, com gotas de orvalho.

E ele se assemelha tanto às suas criaturas
que ele próprio agora é raiz, árvore, madeira,
o verdadeiro pulso terreno
da casca com o sol por vestes.

Ele trabalha em gravetos. E enquanto os esculpe tanto
com o calor do caramelo na testa,
o povo bom o chama ali:
“Lacú, de rosto de mel, de rosto santo.”



Gravura

 

Amarrado a postes cruzados,
um homem, imóvel,
sobre os postes cruzados,
com cordas entre os ossos.

E abaixo, o vento.

Talvez minha terra amarrada
como um tambor de couro
sobre os postes cruzados.

E à frente, o vento.

Toda a pátria no chão
sobre dois postes cruzados!

E acima, o vento!


 

O CORPO DE MADEIRA

 

Tens, minha pátria, mãos de madeira,
todo o teu corpo ferido de madeira,
                        madeira e radiância,
suor como chuva de madeira,
ossos de madeira, de madeira
prontos para ressoar.

             Sangue de madeira
            (uma torrente de madeira!)

            Olhos de madeira
            (vidro de madeira).

            Gestos de madeira
            (tendências de madeira).

Capitão florestal de madeira!

Foste feita com guitarras de madeira,
caixas de percussão de madeira
                   que se quebram com seu passo,
teu próprio passo é uma praia de madeira,
uma praia para as ondas de madeira,
de madeira e calor.
                   Unhas de madeira
                   (bordas de madeira).

                   Olhos de madeira,
                   de madeira.

                   E fibra e capitão de madeira,
                   !o amor de madeira!

Por isso tens, pátria, um punho de madeira,
o punho da noite, de uma madeira
difícil de quebrar,
a mais clara esperança da madeira,
da madeira ardente, e da
madeira
                  teu coração duro!


*
VEJA e LEIA outros poetas do Paraguai em nosso Portal:
https://www.antoniomiranda.com.br/Iberoamerica/paraguai/paraguay.html
Página publicada em janeiro de 2026

*

Página ampliada e republicada em fevereiro de 2023

Página publicada em outubro de 2017

        

 

 

        

 


 

 

 
 
 
Home Poetas de A a Z Indique este site Sobre A. Miranda Contato
counter create hit
Envie mensagem a webmaster@antoniomiranda.com.br sobre este site da Web.
Copyright © 2004 Antonio Miranda
 
Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Click aqui Home Contato Página de música Click aqui para pesquisar