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IDA GRAMCKO
(1924-1994) 


Poetisa, Ensayista y Cuentista, Venezolana. Nace en Puerto Cabello, Venezuela el 11-10-1924. Ha obtenido los siguientes premios: "Premio de la Asociación Cultural Interamericana", con el libro Umbral (1941); "Premio de Teatro Ateneo de Caracas"; con el libro La rubiera (1956); "Premio Municipal de Poesía" con el Libro El Poeta (1962); entre otros.

Otros libros: Cámara de Cristal (1944); La Vara Mágica (1948); María Lionza (1955).

 

TEXTOS EN ESPAÑOL  /  TEXTOS EM PORTUGUÊS


ATIENDA AQUEL QUE DIJO
hallar dicha y sosiego
en un sueño beatífico y tranquilo;
atienda a lo que digo y lo que creo.
¿Sabes, nocturno amigo,
a qué cosa en verdad llamamos sueño?
Atiende, hermano mío,
sin pena y sin recelo,
yo, que he soñado, yo, que no he dormido,
te pregunto sin voz desde mi lecho:
¿crees que el sueño protege del abismo,
rescata del asalto y del incendio?
Yo, soñadora inmóvil, no he creído
en mi rostro apacible cuando duermo.
Lucho soñando, sórdida, conmigo,
con un pájaro extraño, con el viento,
con un agudo y afilado pico
que me horada las sienes y el cerebro
y dejo sangre en el cojín y heridos
flotan ardiendo, aullando, mis cabellos.
Soñador y sonámbulo es lo mismo.
Se va entre nieblas, huérfano.
¿Quién hiló las almohadas? ¿El olvido?
La mano movediza del recuerdo
con un sombrío ovillo
y tejió la crisálida del lienzo
con una larga víbora de lino
que se enrosca en el alma y en el cuerpo.
Atienda aquel que alguna vez me dijo
hallar quietud seráfica en el sueño;
atienda a mi creencia, a mi pregunta,
que es la de todo soñador despierto.
Creo en mi corazón, su llama oculta
bajo las sábanas, ardiendo.
Creo en mi sangre muda
corriendo como un río del infierno.
¿Cree alguien en la calma de las tumbas,
en la paz de los muertos?
Quieren creer... ¡No lo han creído nunca!
Descansa en paz, sólo es un gran deseo.
Descansa en paz, pero la paz no escucha;
descansa en paz, pero el descanso es ciego.
La muerte, insomne, mira hacia la lucha
y el sueño es el más íntimo desvelo.

         De Poemas, 1952

 

ARRÁNCAME LAS ÁRIDAS RAICES,
déjame suspendida en el espacio,
entre los vientos firmes.
Allí se está como en un gran regazo
maternal y sin límites.
Déjame con los pájaros,
indagan lo invisible.
¡Ah, más allá del cielo se alza un árbol
que sus alas indómitas persiguen!
No lo han visto jamás y, sin embargo,
creen sentir su rumor en los confines.
Rumor de hojas distantes... Pero ¿acaso
no lo vieron, gigante, en el origen
primero de la vida, y en sus cantos
no es la voz de la ausencia lo que aflige?
Deja que suba a lo alto
y que mi canto vibre.
Canto la ausencia de algo,
de una estrella enterrada en nubes grises.
La sombra azul del árbol
se dilata y me ciñe.
Déjame con los pájaros.
Soy una flor delimitada y triste.
Arráncame los pétalos y el tallo
y la fragancia, y líbrame.

         De Poemas, 1952

TEXTOS EM PORTUGUÊS

Tradução de Antonio Miranda
 

ATENDA AQUELE QUE DISSE

achar dita e sossego

em sonho beatífico e tranqüilo;

atenda ao que disse e ao que creio.

Sabes, amigo noturno,

que coisa entendemos por sonho?

Atende, meu irmão,

sem pena nem receio,

eu, que sonhei, eu, que não dormi,

te pergunto sem voz desde meu leito:

crês que o sonho protege o abismo,

resgata do assalto e do incêndio?

Eu, sonhadora imóvel, não creio

em meu rosto aprazível quando durmo.

Luto sonhando, sórdida, comigo,

com um pássaro estranho, com o vento,

com um agudo e afiado bico

que perfura a testa e o cérebro

e deixo sangue no coxim e feridos

flutuam ardendo, ululando, meus cabelos.

Sonhador e sonâmbulo é o mesmo.

Se vai entre névoas, órfão.

Quem fiou as almofadas? O olvido?

A mão movediça da lembrança

com um sombrio novelo

e teceu a crisálida do lenço

com uma longa víbora

de linho que se enrosca na alma e no corpo.

Atenda aquele que alguma vez disse

achar quietude seráfica no sonho;

atenda minha crença, minha pergunta,

que é a todo sonhador desperto.

Creio em meu coração, sua chama oculta

debaixo dos lençóis, ardendo.

Creio em meu sangue mudo

correndo como um rio do inferno.

Alguém crê na calma dos túmulos,

na paz dos mortos?

Desejam acreditar... Não acreditaram jamais!

Descansa em paz, é apenas um grande desejo.

descansa em paz, mas a paz não escuta;

descansa em paz, mas o descanso é cego.

A morte, insone, contempla a luta

e o sonho é o mais íntimo desvelo.

 

 

ARRANCA-ME AS ÁRIDAS RAÍZES,
me deixa suspensa no espaço,

entre os ventos firmes.

Esta-se ali com um grande regazo,

maternal e sem limites.

Deixa-me os pássaros,

indagam o invisível.

Ah, para além do céu se levanta uma árvore

cujas asas indômitas perseguem!

Não a viram jamais e, no entanto,

crêem sentir seu rumos nos confins.

Rumor de folhas distantes... Mas, acaso

não a viram, gigante, na origem

primeva da vida, e em seus cantos

não é a voz da ausência que aflige?

Deixa que se eleve

e que meu canto vibre.

Canto a ausência de algo,

de uma estrela enterrada em nuvens grises.

A sombra azul de árvore

se dilata e me cinge.

Deixa-me com os pássaros.

Sou uma flor delimitada e triste.

Arranca-me as pétalas e o talo

e a fragrância , e livra-me.


         De
Poemas, 1952



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