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JOSÉ BASÍLIO DA GAMA


JOSÉ BASÍLIO DA GAMA

(1740-1795)

 

Uno de los poetas más importantes del grupo es José Basílio da Gama (Tiradentes, Minas Gerais, 1740, Lisboa, 1795), quien usó entre los árcades el nombre de Termindo Sipílio, estudió en el Colegio de los Jesuitas en Rio y luego en Portugal y en Roma. Su vida gira alrededor de los jesuitas pues, acusado de amigo de ellos, fue apresado y desterrado; luego, cuando los atacó en su poema El Uruguay (1769), fue elevado por ello a noble pero, al caer en Portugal su protector el marqués de Pombal, Basílio da Gama sufrió luego la persecución de esa congregación y se vio precisado a volver al Brasil en 1795, aunque casi inmediatamente retomó a Lisboa donde falleció al poco tiempo.

 

Autor de obras variadas, aunque generalmente de circunstancias, Basílio da Gama destaca sobre todo por su epopeya El Uruguay, poema que consta de una invocación y cinco cantos, escrito en endecasílabos blancos en los que narra una breve guerra que Portugal y España declararon a los Siete Pueblos de las Misiones del Uruguay, rebelados por instigación de los jesuitas contra el tratado de Madrid de 1750 que transfería esas misiones para los portugueses y la Colonia del Sacramento para los españoles. Entre los personajes que destacan en el poema tenemos en primer lugar la figura del héroe, el portugués Gomes Freire de Andrada; luego, la de los indígenas Cacambo, Cepé, Caitutú y la de la desventurada Lindoya, la heroína. Con un tema pobre de argumento, la inspiración de Basílio da Gama lo lleva a componer cuadros descriptivos notables en los que brota el paisaje americano con plástica belleza. Estas vívidas descripciones llenan de riqueza e interés al poema. En el episodio escogido, puede comprobarse como el poema, utilizando tópicos de descripciones pastoriles, pero que tienen por fondo una naturaleza salvaje, logra componer un cuadro lleno de patético sentimiento que concluye con un verso magistral. Ricardo Silva-Sansebastian



TEXTOS EM PORTUGUÊS / TEXTOS EN ESPAÑOL

 

 

MORTE DE LINDÓIA

 

Um frio susto corre pelas veias

De Caitutu, que deixa os seus no campo;

E a irmã entre as sombras do arvoredo

Busca coa vista, e treme d'encontrá-La.

Entram enfim na mais remota e interna

Parte do antigo bosque, escuro e negro,

Onde, ao pé duma lapa cavernosa,

Cobre uma rouca fonte, que murmura,

Curva latada de jasmins e rosas.

Este lugar delicioso e triste,

Cansada de viver, tinha escolhido

Para morrer a mísera Lindóia.

Lá reclinada, como que dormia

Na branda relva e nas mimosas flores;

Tinha a face na mão e a mão no tronco

Dum fúnebre cipreste, que espalhava

Melancólica sombra. Mais de perto

Descobrem que se enrola no seu corpo

Verde serpente, e lhe passeia e cinge

Pescoço e braços, e lhe lambe o seio.

Fogem de a ver assim sobressaltados

E param cheios de temor ao longe;

E nem se atrevem a chamá-la, e temem

Que desperte assustada e irrite o monstro,

E fuja, e apresse no fugir a morte.

Porém o destro Caitutu, que treme

Do perigo da irmã, sem mais demora

Dobrou as pontas do arco, e quis três vezes

Soltar o tiro, e vacilou três vezes

Entre a ira e o temor. Enfim sacode

O arco e faz voar a aguda seta,

Que toca o peito de Lindóia e fere

A serpente na testa, e a boca e os dentes

Deixou cravados no vizinho tronco.

Açoita o campo coa ligeira cauda

O irado monstro, e em tortuosos giros

Se enrosca no cipreste, e verte envolto

Em negro sangue o lívido veneno.

Leva nos braços a infeliz Lindóia

O desgraçado irmão, que ao despertá-la

Conhece, com que dor! no frio rosto

         Os sinais do veneno, e vê ferido

Pelo dente sutil o brando peito.

Os olhos, em que Amor reinava, um dia,

Cheios de morte; e muda aquela língua,

Que ao surdo vento e aos ecos tantas vezes

Contou a larga história de seus males.

Nos olhos Caitutu não sofre o pranto

E rompe em profundíssimos suspiros,

Lendo na testa da fronteira gruta

De sua mão trêmula gravado

O alheio crime e a voluntária morte,

E por todas as partes repetido

O suspirado nome de Cacambo.

lnda conserva o pálido semblante

Um não sei quê de magoado, e triste,

Que os corações mais duros enternece.

Tanto era bela no seu rosto a morte!

 

 

(De O Uraguai)

 

Extraído de POESÍA BRASILEÑA COLONIAL. Traducción y prólogo de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: Centro de Estudios Brasileños, 1985.  117 p. (Tierra Brasileña. Poesía 23)

 

 

A UMA SENHORA

QUE O AUTOR CONHECEU NO RIO DE JANEIRO

VIU DEPOIS NA EUROPA

 

Na idade em que eu brincando entre os pastores

Andava pela mão e mal andava,

Uma ninfa comigo então brincava

Da mesma idade e bela como as flores.

 

Eu com vê-la sentia mil ardores.

Ella punha-se a olhar e não falava ;

Qualquer de nós podia ver que amava,

Mas quem sabia ento que eram amores ?

 

Mudar de sitio à ninfa já convinha,

Foi-se a outra ribeira; e eu naquela

Fiquei sentindo a dor que n'alma tinha.

 

Eu cada vez mais firme, ela mais bela;

Não se lembra ela já de que foi minha,

Eu ainda me lembro que sou dela !...

 

 

 

Extraído de SONETOS BRASILEIROS Século XVII – XX. Colletanea organisada por Laudelino Freire.  Rio de Janeiro: F. Briguiet & Cie., 1913

 

 

TEXTOS EN ESPAÑOL

Traducción de Ricardo Silva-Sansebastian

 

 

MUERTE DE LINDOYA

 

Terror helado corre por las venas

de Caitutú, quien deja ahí a los suyos;

y a la hermana en la umbría de los árboles

va buscando, temblando de encontrarla.

Entran por fin en la honda y escondida

parte del viejo bosque, oscuro y negro,

donde al pie de una roca cavernosa,

cubre una ronca fuente murmurante,

ramada de jazmines y de rosas.

Este lugar tan triste y delicioso,

cansada de vivir, escogería

para morir la mísera Lindoya.

Reclinada allí, como que dormía

en las mimosas flores y en el césped;

las manos en el rostro y en el tronco

de un fúnebre ciprés que desparcía

melancólica sombra. Mas, cercano

descubren que enredándose en su cuerpo

verde sierpe en paseándola le ciñe

garganta y brazos y le lame el seno.

Huyen al verla así sobresaltados

y paran con temor a la distancia;

que no se atreven a llamarla, y temen

que despierte asustada e irrite al monstruo

y huya y aprese en el huir la muerte.

El diestro Caitutú, sin más demora,

pues tiembla ante el peligro de la hermana,

tensó el arco, y quiso, por tres veces,

lanzar el dardo, y vaciló tres veces

entre temor y furia. Al fin crujió

el arco revolando aguda flecha,

que alcanza el pecho de Lindoya y hiere

la testa de la sierpe y boca y dientes

clavados deja en el vecino tronco.

Fustiga el campo con ligera cola

El monstruo airado y con tortuosos giros

se enrosca en el ciprés y vierte envuelto

en negra sangre el lívido veneno.

En brazos alza a la infeliz Lindoya

el hermano infeliz y al despertarla

siente ¡con qué doIor! en la faz fría

los signos del veneno, viendo herido

por el diente sutil el blanco pecho.

Los ojos, en que Amor reinaba un día,

llenos de muerte; y muda aquella lengua,

que al viento tantas veces y a los ecos

contó la larga historia de sus males.

Caitutu no derrama triste llanto

mas rompe en profundísimos suspiros, l

al leer en entrada de la gruta

por su mano ya trémula grabado

crimen ajeno y muerte voluntaria,

y por todos los sitios repetido

el suspirado nombre de Cacambo.

Aún conserva el pálido semblante

un no sé qué de lastimado y triste

que a duros corazones enternece.

¡Tan bella fue la muerte entre su rostro!

 

(De O Uraguai)

 

 

Extraído de POESÍA BRASILEÑA COLONIAL.  Traducción y prólogo de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: Centro de Estudios Brasileños, 1985.  117 p. (Tierra Brasileña. Poesía 23)

 

 

A UNA SEÑORA 

NATURAL DE RIO DE JANEIRO, DONDE A LA SAZÓN SE

HALLABA EL AUTOR

 

Ya, Marfísia cruel, no me maltrata

Saber que usas conmigo de cautelas,

Que aún la espero ver, por causa dellas

Arrepentida de haber sido ingrata.

 

Con el tiempo, que todo desbarata,

Tus ojos dejarán de ser estrellas;

 

Y verás marchitar las caras bellas,

Las trenzas de oro convertirse en plata.

 

Y si bien sabes que esa tu hermosura

Por fuerza ha de sufrir de edad los daños,

¿ Por qué me niegas hoy esta aventura ?

 

Guarda para otro día los desengaños,

Gócemenos ahora, mientras dura,

Que poco la flor dura de los años.

 

 

 

Extraído de CUATRO SIGLOS DE POESÍA BRASILEÑA. Introducción, Traducción y Notas de Jaime Tello. Caracas: Centro Abreu e Lima de Estudios Brasileños; Insituto de Altos Estudios de América Latina; Universidad Simón Bolívar, 1983

 

 

 



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