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ALEJANDRA PIZARNIK

TEXTOS EM PORTUGUÊS / TEXTOS EN ESPAÑOL

(Traduções e textos de Ana Maria Ramiro)

 

ALEJANDRA

(poema de Júlio Cortázar, publicado na revista Desquício, Paris, 1972)

Posto que hades não existe, seguramente estás lá
último hotel, último sonho,
passageira obstinada da ausência
Sem bagagens nem papéis,
Dando por pagamento um caderno
ou um lápis de cor.
- Aceite-os, barqueiro: ninguém pagou mais caro
o ingresso aos Grandes Transparentes
ao Jardim onde Alice a esperava.


Fragmentos para dominar o silêncio
Alejandra Pizarnik

I

Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.


As forças da linguagem são damas solitárias, desoladas, que cantam através da minha voz que escuto a distância. E distante, na arena negra, jaz uma menina densa de música ancestral. Onde está a verdadeira morte? Quis me iluminar à luz de minha falta de luz. Os ramos morrem na memória. A que jaz aninhada em mim com sua máscara de loba. A que não pôde mais e implorou chamas e ardemos.


II

Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.
Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores.

No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.

 

Quando voa o telhado da casa da linguagem e as palavras não protegem, eu falo.
As damas de rubro se perderam dentro de suas máscaras ainda que regressassem para soluçar entre flores.

Não é muda a morte. Escuto o canto dos enlutados selar a rachaduras do silêncio. Escuto seu dulcíssimo pranto florescer meu silêncio gris.


III

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.


A morte restituiu ao silêncio seu prestígio encantador. E eu não direi meu poema e eu tenho que dizê-lo. Mesmo que o poema (aqui, agora) não tenha sentido, não tenha destino.


(Alejandra Pizarnik, de La extracción de la piedra de la locura, 1968)



ANILLOS DE CENIZA
a Cristina Campo

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.


Anéis de Cinza


São minhas vozes cantando
para que não cantem eles,
os amordaçados cinzentos do alvorecer,
os vestidos de pássaro desolado na chuva.

Há, na espera,
um murmúrio liláceo rompendo-se.
E há, quando vem o dia,
uma divisão do sol em pequenos sóis negros.
E quando é noite, sempre,
uma tribo de palavras mutiladas
procura abrigo em minha garganta
para que eles não cantem,
os sombrios, os donos do silêncio.



FORMAS

no sé si pájaro o jaula
mano asesina
o joven muerta jadeando en la gran garganta oscura
o silenciosa
pero tal vez oral como una fuente
tal vez juglar
o princesa en la torre más alta.


Formas

Não sei se pássaro ou jaula
mão assassina
ou jovem morta ofegando na grande garganta escura
ou silenciosa
mas talvez oral como uma fonte
talvez jogral
ou princesa na mais alta torre.



SALVACIÓN

Se fuga la isla
Y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta
Ahora
es el fuego sometido
Ahora
es la carne
la hoja
la piedra
perdidos en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilación
que purifica la caída de la noche
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.


Salvação

Se a ilha escapa
e a moça volta a escalar o vento
e a descobrir a morte do pássaro profeta
Agora
é o fogo submetido
Agora
é a carne
a folha
a pedra
perdidos na fonte do tormento
como o navegante no horror da civilização
que purifica a caída da noite
Agora
a moça descobre a máscara do infinito
e rompe o muro da poesia



PEREGRINAJE

Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.

He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.

Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan
la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca.


Peregrinação

Chamei, chamei como náufraga ditosa
as ondas verdugas
que conhecem o verdadeiro nome
da morte

Chamei o vento
confiei-lhe o meu desejo de ser

Mas um pássaro morto
voa até a desesperança
em meio à música
quando bruxas e flores
cortam
a mão da bruma.
Um pássaro morto chamado azul.

Não é solidão com asas,
é o silêncio da prisioneira,
é a mudez de pássaros e vento,
é o mundo irritado com meu riso
ou os guardiões do inferno
rompendo minhas cartas.

Tenho chamado, tenho chamado
Tenho chamado até nunca.



EXILIO

a Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ámgeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


Exílio

Esta mania de me saber anjo,
sem idade,
sem morte para a qual viver,
sem piedade por meu nome
nem por meus ossos que choram vagando

E quem não tem um amor?
E quem não goza por entre amapolas?
E quem não possui um fogo, uma morte,
um medo, algo horrível,
ainda que fira com plumas,
ainda que fira com sorrisos?

Sinistro delírio amar uma sombra.
A sombra não morre.
E meu amor
só abraça ao que flui
como lava do inferno:
una loja calada,
fantasmas em doce ereção,
sacerdotes de espuma,
e sobretudo anjos,
anjos belos como lâminas
que se elevam na noite
e devastam a esperança.

 

Para MAMÍFEROS. N. 4, 2017.  Fortaleza, CE: CTP Impressão e Acamaento, 2017. Editores Glauco Sobreira, Jesus Irajacy, Pedro Salgueiro, Francisco Siqueira, O Poeta de Meia Tijela. Jornalista responsável: Nerilson Moreira. ISSN 2176-2805

“A presente tradução de Los pequeños cantos (publicados originalmente na revista Árbol de Fuego, no. 45, Caracas, 1971, e de “El deseo de la palabra”  e “La palabra del deseo” (presente em El infierno musical) foi feira a partir do volume Alejandra Pizarnik – Poesía completa, edição a cargo de Ana Becciú (pp. 379-397 e 269-271), de onde também extraímos os versos que dialogam com os fatos da vida da poeta.” ALVES DE AQUINO, O POETA DE MEIA TIJELA.

 


LOS PEQUEÑOS CANTOS

A Pablo Azcona y Victor Richini

          I
nadie me conoce ya no hablo na noche
nadie me conoce ya no hablo mi cuerpo
nadie me conoce ya no hablo la lluvia
nadie me conoce ya no hablo los muertos

         II
sólo palavras
las de la infancia
las de la muerte
las de la noche de los cuerpos

         III
el centro
de um poema
es outro poema
el centro del centro
es ausencia

         en el centro de la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema

         IV
una muñeca de huesos de pájaro
conduce los perros perfumados
de mis propias palavras que me vuelven

         V
        A Jean

la agonia
de las visionarias
del otoño

         VI
grietas en los muros
negros sortilegios
frases desolladas
poemas aciagos

         VII
Cubres con un canto la hendidura.
Creces en la oscurida como una ahogada.
Oh cubre con más cantos la fissura, la
hendidura, la desgarradura.

         VIII
en el mediodía de los muertos
princesa-paraje-sin-sol
come cardo
come abrojo

         IX
mi canto de dormida al alba
¿ será esto, pues?

         X
el que me ama aleja a mis dobles,
abre
la noche, mi cuerpo,
ver tus sueños,
mi sol o amor

         XI
oh los ojos tuyos
fulgurantes ojos

         XII
A Alain de Vermont

         cuervos en mi mente
sobre su querido cuerpo

         es el gran frío de la noche
lo negro

         pasión de nuestros señores
los deseos

         XIII
una idea fija
uma leyenda infantil
una desgarradora

         el sol
como un grand animal oscuros

         no hay más que yo
no hay qué decir

         XIV
qué es este espacio que somos
una idea fija
una leyenda infantil

         hasta nueva orden
no cantaremos el amor
hasta nuevo orden

         XV    
niña que en ventos grises
ventos verdes aguardo

         XVI
hablará por espejos
hablará por oscuridad
por sombras
por nadie

         XVII
        A Diana

         instruidnos acerca de la vida
suavemente
imploraban los pequeños seres
y tendía sus brazos
por amor de la otra orilla

         XVIII
palabras reflejas que solas se dicen
en poemas que no fluyen yo naufrago
todo en mí se disse con su sombra
y cada sombra con su doble

         XIX
triste músico
entrona un aire nuevo
para hacer algo nuevo
para ver algo nuevo

 

TRADUÇÃO D´O POETA DE MEIA TIGELA
– pseudônimo de  ALVES DE AQUINO

        

         OS PEQUENOS CANTOS

                   A Pablo Azcona y Victor Richini

         I
ninguém me conhece eu falo a noite
ninguém me conhece eu falo meu corpo
ninguém me conhece eu falo a chuva
ninguém me conhece eu falo os mortos

         II
as palavras
as da infância
as da morte
as da noite dos corpos

         III
o centro
de um poema
é outro poema
o centro do centro
é ausência

no centro da ausência
minha sombra é o centro
do centro do poema

         IV
uma boneca de ossos de pássaro
conduz os cães perfumado
de minhas próprias palavras retornadas

         V
A Jean

         a agonia
das visionárias
do outono

         VI
gretas nos muros
negros sortilégios
frases desoladas
poemas aziagos

         VII
Cobres com um canto a rachadura.
Cresces na escuridão como uma afogada.
Oh cobre com mais cantos a fissura, a
rachadura, a rasgadura.

         VIII
no meio-dia dos mortos
princesa-paragem-sem-sol
como cardo
come abrolho

         IX
meu canto de adormecida à alba
era, pois, isto?

         X
o que me ama afasta meus duplos,
abre
a noite, meu corpo,
ver teus sonhos,
meu sol ou amor

         XI
oh os olhos teus
fulgurantes olhos

         XII
A Alain de Vermont

         corvos em minha mente
sobre seu querido corpo

         é o grande frio da noite
o negro

         paixão de nossos senhores
os desejos

         XIII
uma ideia fixa
uma lenda infantil
uma rasgadura

         o sol
como um grande animal escuro

         não há mais que eu
não há o que dizer

         XIV
que é este espaço que somos
uma ideia fixa
uma lenda infantil

         até nova ordem
não cantaremos o amor
até nova ordem

         XV
menina que em ventos cinzas
ventos verdes esperou

         XVI
falará por espelhos
falará pela escuridão
por sombras
por ninguém

         XVII
                   A Diana

         instruí-me acerca da vida
suavemente
imploravam os pequenos seres
e estendiam seus braços
por amor da outra margem

         XVIII
palavras reflexas que sozinhas se dizem
em poemas que não fluem  eu naufrago
tudo em mim se diz com sua sombra
e cada sombra com seu duplo

         XIX
triste músico
entoa um ar novo
para fazer algo novo
para ver algo novo

 



Vida, obra e mito: a auto-construção de
Alejandra Pizarnik

Ana Maria Ramiro

"Sobre negros penhascos se precipita
embriagada de morte
a ardente namorada do vento".
(Georg Trakl)

"A letra de Alejandra era pequenina, como um caminho de
formigas ou um minúsculo colar de grãos de areia. Mas
esse fio, com toda a sua leveza, não se apagará nunca,
pois é um dos fios usados para entrar e sair do labirinto".

(Enrique Molina)

Há 70 anos, em 29 de abril de 1936, nascia em Avellaneda, Buenos Aires, Alejandra Pizarnik, uma das mais importantes escritoras latino-americanas do século XX. Uma mulher libertária, "uma poetisa ávida pelo naufrágio", como dizia seu amigo e também escritor, Júlio Cortázar, e até hoje, relembrada pela crítica e mitificada pelo público, que se deleita com a leitura tão profunda de uma existência humana.
Filha de imigrantes judeus, provenientes da Rússia (os Pozharnik), Alejandra estudou filosofia na Universidade de Buenos Aires, tendo sido, porém, uma aluna mediana, uma vez que dividia suas atenções entre o jornalismo, a pintura e a literatura. Seu professor de literatura, Juan Jacobo Bajarlia, o grande amigo que a chamava de Buma (flor em ídish), foi quem a iniciou na leitura crítica, especialmente dos surrealistas. Alejandra abraça então o surrealismo, dedicando a este movimento todos os seus sentidos artísticos, a literatura e a pintura, tendo participado inclusive de uma exposição na Galeria Guernica, em Buenos Aires, e convertendo-se em uma de suas mais ferrenhas seguidoras.

Apesar do talento artístico nato, Alejandra sempre foi uma pessoa extremamente melancólica. A dependência econômica da família, somada aos problemas que apresentou na adolescência, como a gagueira, a asma e a inadaptação ao ambiente familiar fizeram-na uma pessoa ciclotímica. Era obsessiva, exaltada e depressiva, sentimentos que alternava rapidamente. Nestes momentos de extremo isolamento, criou um personagem poético e anatomicamente coerente, produto de um distanciamento produzido pela idéia de não possuir raízes locais, e onde passa a viver a nostalgia do seu auto-exílio interior. É quando também começa a tomar analgésicos, anfetaminas e calmantes, por conta de fortes dores nas costas, projetando assim uma imagem em consonância com a sua expressão artística. Essa dor, esse descontentamento consigo mesma marcarão toda a sua obra poética, e enquanto Alejandra escreve poesia, ela constrói, através do exercício poético, a si mesma.

"Oxalá, pudesse viver somente em êxtase, fazendo o corpo do poema como meu próprio corpo, resgatando cada frase com meus dias e minhas semanas, fundindo no poema o meu sopro à medida que cada letra de cada palavra tenha sido sacrificada nas cerimônias do viver".

Em 1955, aos 22 anos, publica "La tierra más ajena" e em 1956, "La última inocencia", que é dedicada a Oscar Ostrov, seu psicanalista e grande paixão, segundo alguns de seus biógrafos. A partir de então, passa a escrever intensamente, deixando uma vasta produção poética, além de um diário onde expõe suas angústias, paixões e imaginário homoerótico. Partes deste diário, porém, foram subtraídas por seus familiares, a fim de preservar a imagem da poeta, mas a exemplo de outras escritoras, como as inglesas Sylvia Plath e Virginia Woolf ou a brasileira Ana Cristina César, esta atitude somente acirrou a curiosidade em torno do mito, num destino comum às escritoras suicidas. Desta época, há o seguinte registro em seu diário:

"Não sei quando comecei a buscar esta pessoa. Não sei mesmo quem é, não a conheço. É estranho como e quando a busquei. Eu já não sou eu mesma, sou meus olhos. Procurem. Entre as folhas mortas, entre as árvores filósofas, no sim e no não, no revés e no direito, em um copo de água e em minha sede de sempre".

De 1960 a 1964, residiu em Paris, onde passa a escrever com mais liberdade, rodeada por vários amigos ali radicados. Manteve-se como tradutora e periodista, trabalhando na revista Cahiers e outros editoriais. Traduziu Antonin Artaud, Henry Michaux, Yves Bonnefoy, entre outros, enquanto estudava história da religião e literatura francesa na Sorbonne. Em carta a uma amigo, Alejandra diz: "envelheço e não tenho vontade de voltar a Buenos Aires". Em 1962, publica "Árbol de Diana", considerada sua melhor obra, com prefácio de Octavio Paz, e conhece ainda Júlio Cortázar, com quem desenvolverá uma estreita amizade até a morte dela.
Em 1965, Alejandra retorna à Argentina, devido à doença do pai e após grande insistência da família. Passa então a se sentir novamente "enjaulada" e sua escrita se adensa, apresentando os sintomas da depressão, desarraigamento e total alienação. Em Buenos Aires, publicou "Los Trabajos y las rochas", "Extracción de la piedra e de la locura", "El Infierno musical" e "La condesa Sangrienta".
A obra "Extracción de la piedra e de la locura" mostra os primeiros sinais de seu esgotamento psíquico. A partir de então, Alejandra será internada em sanatórios por breves períodos, até a sua morte. A autora começa ainda a escrever sobre um possível suicídio:

"Aqui me assalta e me invade muitas vezes a evidência de minha enfermidade, de minha ferida".

"O maior dos mistérios em minha vida é este: Por que não me suicido? É em vão alegar meu torpor, meu medo, minha distração. Talvez por isto, sinto a cada noite, que me esqueço de algo".

Ao lado da desintegração pessoal, percebe-se uma fase de fragmentação total em sua obra, a fratura sintática. Para a poeta, o idioma também se convertera em uma jaula, da qual tentaria fugir. Passa a transgredir a literalidade, o sentido e começa a utilizar composições aleatórias, signos lançados a esmo, que postos consecutivamente em forma de pequenas expressões, assemelhavam-se ao estado de incoerência que se confundia, mais uma vez, com a própria vida da poeta. Não existe mais um narrador concordante com o receptor, ambos se cruzam. Não existe o tempo, porque na morte não há coerência. Alijada de sua individualidade, restariam apenas a personagem, a obra e o mito.
Alejandra Pizarnik morreu em 1972, de uma overdose de seconal, enquanto passava um final de semana fora da clínica psiquiátrica onde estava internada.

 

N.T.: Este artigo se baseou no ensaio "Alejandra Pizarnik", de Carlos Luis Torres Gutiérrez, publicado em 2004 na revista Espéculo- Revista de estudios literarios, da Universidad Complutense de Madrid, e em "Alejandra Pizarnik, poesía completa", organizada por Ana Becciu, em 2005, para a Editorial Lumen, Barcelona.

 

Página ampliada e republicada em fevereiro de 2018

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